Travesía en Ferry de Tsuruga a Tomakomai Higashi (Hokkaido)
Nos ponemos en marcha siguiendo la ruta en tren hasta Tsuruga, donde nos esperaba el ferry rumbo a Tomakomai Higashi, en Hokkaido. Los billetes los habíamos comprado con bastante antelación desde la web https://www.snf.jp/.

La idea era descansar durante las 20 horas de travesía, aprovechar para no caminar y disfrutar del viaje… pero el plan no salió como esperábamos 😅. Había temporal, y el barco —enorme, por cierto— se balanceaba como si fuera de papel. ¡Menos mal que vendían pastillas para el mareo en la parafarmacia del barco! Aun así, la experiencia fue única.
Durante el trayecto probamos un katsu curry buenísimo, con la misma calidad que en tierra. También había zona de máquinas expendedoras (¡cómo no, estamos en Japón!). Por cierto, ¿sabrías decirme cuántas máquinas expendedoras crees que hay en todo el país?
Las instalaciones del ferry eran tan cómodas que más bien parecía un crucero de lujo. Habitaciones amplias, zonas comunes, restaurantes, baños termales… todo cuidado al detalle.

Pero lo realmente curioso fue que, al llegar al puerto, nos dimos cuenta de que no había ni taxis ni transporte visible. En los foros y blogs apenas encontrábamos información, solo decían “hay transporte”, pero no especificaban nada. Con algo de inglés, mucha mímica y cobertura intermitente para usar el traductor, conseguimos preguntar a la tripulación. Por suerte, una pasajera japonesa nos ayudó y nos indicó que había un autobús esperando solo a los viajeros del ferry.
Aquel autobús nos llevó hasta Chitose, donde ya pudimos enlazar con transporte hacia nuestro hotel en Sapporo. Eso sí: importante consejo si hacéis esta ruta: llevad el importe del bus preparado. Cuando fuimos solo aceptaba efectivo justo, sin cambio. Hoy el trayecto hasta la estación de Minami-Chitose cuesta 1.500 ¥ por adulto (750 ¥ niños) y, según la web de Shin Nihonkai, ya se puede pagar también con PayPay o au PAY. Si reserváis el ferry por internet, hay que avisar el día antes de que vais a usar el bus.
Fue toda una aventura, y sin duda una de esas experiencias que se recuerdan por los imprevistos. Llegamos a Sapporo, la famosa ciudad de los Juegos Olímpicos de Invierno, casi de noche, agotados pero felices de haber sobrevivido al temporal y al idioma.
Nuestro plan original era volver también en barco, pero tras vivir aquella travesía decidimos quedarnos una noche más y regresar en tren bala cruzando bajo el mar, una experiencia que ya os contaré más adelante.
El hotel que elegimos en Sapporo fue todo un acierto. Lo que más nos sorprendió es cómo la ciudad está pensada para el frío extremo: la mayoría de los edificios están conectados por galerías subterráneas, lo que permite moverse sin salir a la calle. De hecho, muchos bloques de viviendas y oficinas tienen acceso directo al metro desde el interior.
Después de un día tan largo, llegamos al hotel casi a medianoche, deseando descansar. En el próximo post os contaré con detalle qué ver en Sapporo y todo lo que descubrimos en esta increíble ciudad del norte de Japón.
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