Osaka: caos, takoyakis y un sueño hecho realidad en Universal
Llegamos a Osaka, y si alguien te dice que todo Japón es limpio, solo puede ser porque aún no ha pisado esta ciudad. Si conoces Madrid, podríamos compararla con Lavapiés: fiesta, luces, bares, juventud, y sí… algo de suciedad. No tiene ese orden impoluto de Kioto o Tokio, pero tiene un alma vibrante y caótica que la hace especial.
Mientras paseábamos por Dotonbori, empezamos a ver un montón de furgonetas policiales, todas blindadas. No entendíamos qué pasaba hasta que nos enteramos: ¡era la final de béisbol! Osaka jugaba por primera vez en muchos años, y las autoridades esperaban una gran celebración si ganaban… o algo mucho más descontrolado. Mejor no tentar a la suerte: esa noche decidimos irnos pronto a dormir.
Antes, eso sí, probamos los famosos takoyakis (bolitas de masa con pulpo). Estaban ardiendo —literalmente—, pero deliciosos. Sinceramente, creo que están un poco sobrevalorados. Y eso que adoro el pulpo, ¡viva Oleiros! 🐙
También descubrimos una especie de “moneda” de tortilla rellena con un medallón de queso mozzarella fundido. Mientras la saboreaba con cara de felicidad, pasó un extranjero que, olvidando que alguien podía entenderle, soltó en perfecto castellano:
“Esto es una gilipollez, hacen cola solo los idiotas que ven TikTok.”
No le respondí. Simplemente seguí disfrutando de ese manjar. Y te diré una cosa: hemos repetido cada año. Está tremendo.
Al día siguiente tocaba Universal Studios Japan. Aquí cometimos nuestro primer error de novatos: al comprar las entradas en Klook, pensábamos que habíamos adquirido las entradas normales, pero solo eran los pases rápidos. Por suerte, al llegar al parque aún quedaban entradas y pudimos entrar. (Ojo con esto, porque a veces se agotan).
Nada más pasar los tornos, verás personal ayudándote a configurar la app oficial, donde puedes reservar el acceso al área de Super Nintendo World. También aparece el de Harry Potter, pero ese no requiere reserva ni control de horario, puedes entrar libremente.
La app es muy útil: muestra los horarios de espectáculos y desfiles. Fuimos al show de WaterWorld, y como su nombre indica… mucha agua, muchísima.
Pensábamos que “zona splash” significaba algún que otro salpicón, pero no que nos lanzaran cubos enteros de agua. Para rematar, mi marido fue elegido de voluntario: digamos que acabó aún más empapado. 😂
Y por si fuera poco, cuando salimos del espectáculo… empezó a llover a mares. El cielo debió pensar: “ya que estáis mojados, ¡vamos a por todas!”.
Empapados, felices y tiritando, seguimos hasta la zona más mágica del parque: El Mundo de Harry Potter.
Nada más entrar, el Hogwarts Express te da la bienvenida con humo real, luego caminas por las calles de Hogsmeade, y al fondo se alza el majestuoso castillo de Hogwarts. No pude evitarlo: se me llenaron los ojos de lágrimas. Era uno de esos sueños que apuntas en tu lista de metas, y de pronto… ahí estaba, frente a mí.
Las atracciones son una pasada. Nos hicimos con varias varitas mágicas y pasamos la tarde lanzando hechizos por todo el parque. Fue, sin duda, una de las mejores experiencias de mi vida.
Y como todo viaje mágico, llega el momento de partir hacia la siguiente aventura: en el próximo capítulo te cuento cómo fue subirnos a un ferry gigante (casi como un crucero) que durante 20 horas cruzó desde Tsuruga hasta Tomakomai, rumbo a Sapporo.
Una de esas rutas que pocos turistas hacen, pero que nosotros no podíamos dejar pasar.
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